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El cuerpo es el instrumento, afinado o no, al que tenemos acceso: oscuro o luminoso, abierto o cerrado, receptivo o bloqueado…  abriéndose para recibir las energías de vida o cerrándose para defenderse de ellas.

La  Diafreo  nos  ofrece  un viaje  apasionante  para  sumergirnos en  la comprensión de  su lenguaje, para descubrir en  nosotr@s  mism@s una  herramienta para habitarlo, reencontrarnos y  crecer.

 

 

Tenemos todos, salvo alguna excepción, los mismos músculos y los mismos huesos. Sin embargo las formas de nuestros cuerpos son muy diferentes.

Y es que la forma de nuestro cuerpo y nuestra actitud corporal dicen mucho sobre nuestra historia. Se han ido moldeando según las diferentes respuestas que cada un@ de nosotr@s ha generado en el proceso de adaptación y de supervivencia, física y psíquica, al medio social y familiar en el que nos ha tocado vivir.

Nos hemos adaptado: bloqueando algunas zonas de nuestro cuerpo, hemos aprendido a inhibir ciertas respuestas y a aislar informaciones conflictivas, que nuestros sentidos nos enviaban. O bien hemos tenido que cambiar sutilmente una postura, para no sentir más un dolor físico.

El precio ha sido la pérdida de la flexibilidad, de la espontaneidad, de ciertos movimientos y también, de nuestra capacidad de respuesta; de la conexión a ciertas áreas de nuestra memoria. Originando todo ello una pérdida, mayor
o menor, según nuestra historia, de parte de nuestra identidad.

En Diafreo buscamos la armonización integral de la persona. Tomando como base un trabajo corporal, buscamos recuperar, mediante la liberación de las tensiones y la conciencia corporal, cada parte de nuestro cuerpo. Liberando las experiencias y expresiones guardadas en las memorias corporales, pretendemos recuperar, además de la salud, los fragmentos de nuestra identidad hipotecada.